Parece mentira, pero no podrá decirse de que no se agudiza el ingenio. Todo sea para que los sentimentalistas y apegados a las tradiciones no dejen de argumentar contra del progreso, dirían los nativos digitales. Aunque, no caben dudas que oler un libro es uno de los impulsos más recurrentes para la mayoría de los lectores, sea para el libro nuevo o viejo, la cuestión no está en elegir siempre lo nuevo por miedo a mostrarse como antiguo o de sublevarse lloriconamente contra la tecnología. Lo que queda por saber es sí habrá que tomar medidas de conservación para el libro electrónico, y sí los ambientadores no serán herramientas inapropiadas para suicidas y asesinos de mascotas. Las cuestiones diferenciadoras afortunadamente nunca estarán sujetas a estas absurdas añoranzas. El libro impreso en papel o en formato electrónico son frutos de prodigiosas invenciones tecnológicas, que han facilitado que el primero ha durado durante siglos y que contribuirán a que ambos perduren por más. Véase Olor a libros: fragancia del mes. Publicado el 11 de Junio de 2009 en el weblog de: Lecturalia.
Julio 13, 2009
Olor a libros: fragancia del mes.
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